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El debut del texano Jason Moran a finales de milenio con Blue Note fue atronador y los críticos hablaban de él como predestinado. Se afirmó claramente que él era el futuro del jazz. Antes de eso, Moran había tocado durante algunos años con Greg Osby, miembro del colectivo M-Base. Pianista, compositor, director de orquesta, Moran se inspiró en la historia del jazz así como en las tendencias más innovadoras, con un profundo interés por el arte contemporáneo (Jean-Michel Basquiat, Egon Schiele, Robert Rauschenberg) que le llevó a colaborar con coreógrafos, cineastas y artistas visuales y a situarse en contextos multimedia.